Yo le encuentre cita de la película

Los fragmentos sonoros son más cortos en comparación con la película original y no exceden 10 segundos o menos de 1% de la longitud de la película original, que es más corto. Todos los sonidos conservan sus derechos de autor original como propiedad de sus respectivas compañías de producción de cine. Lea el aviso legal completo. La premisa seguirá la historia del hijo menor que encuentra la muñeca de porcelana y se hace amigo de Brahms.Brahms: El niño 2 Critica: En el año 2016, William Brent Bell consiguió un relativo éxito con The Boy, una película que basaba todo en su ritmo pausado y en la atmósfera gótica que empapaba cada fotograma aunque, al final, la ... De buen humor, de mal humor, fea, guapa, atractiva. Esa es la clase de persona que vale la pena.-Mac (Juno).-Voy a tener poesía en mi vida. Y aventura. Y amor. Amor por encima de todo. El amor que derriba la vida, impetuoso, ingobernable como un motín en el corazón.-Viola (Shakespeare in love). Las películas similares esta película La cita perfecta: John y Jane Smith (Brad Pitt y Angelina Jolie) son una pareja normal, un matrimonio común, cuyas vidas han entrado en una completa rutina. Lucía le propone sus propias condiciones a Entre Nos con respecto a su videoblog. Lorena no se puede llevar bien con Maura y amenaza a Marina con hacerse cargo de todos los detalles de la boda. Hoy no es un gran día para que el cinéfilo fetén encuentre su película de pensar en la tele, pero sí lo es, en cambio, para ponerle en un aprieto al peliculero que adora pelar pipas y darle a la birra mientras le echan una de acción. Como yo soy incapaz de elegir, puesto que coinciden dos y casi a la misma hora, doy un par de claves para ... Dope Malcolm es un friki que sobrevive en uno de los barrios negros más duros de Los Ángeles, California. Está en la escuela secundaria superior, y su objetivo es ir a la Universidad, por eso realiza entrevistas académicas y se prepara para la selectividad. Él y sus amigos Jib y Diggy han evitado la cultura de las drogas y las pandillas, en parte porque son un poco bichos raros, y lo que ...

Nelkenherz: parte 1/2

2020.05.15 06:47 DanteNathanael Nelkenherz: parte 1/2

NELKENHERZ


Las escaleras están frescas con heridas mientras sube escalón a escalón, poco a poco la obscuridad esclareciendo en sus viñetas oculares, volviendo a respirar con tranquilidad. Y aunque presentemente se encuentre solo, en su corazón lleva la compañía de todo el mundo.
La encuentra limpiando claveles en el estanque del jardín. Se pone de puntitas y trata de evadir las recientes flores y frutos caídos de las jacarandas que cubren la casa de la extraña lluvia tardía. Las obscuras ramas dibujan hipotrocoides en el aíre. Gorriones con la cabeza rojiza surfean el flujo etéreo que pasea sobre la ciudad, hacía el moribundo sol, la niebla ascendente pintada más y más de naranja en el horizonte hasta esfumarse en espirales concéntricos. . . . Pero antes de llegar a ella, ve la suavidad y lentitud con la que lava cada pétalo—del rojo pasan al rosa dentro del agua. A su lado apenas queda un par. Acercándose un poco más, las pieles de los irregulares pétalos revelan haber sido artificialmente teñidos con un rojo escarlata. Lentamente, todavía de puntitas, la abraza por detrás, un beso en la mejilla, un silencioso “ya estoy en casa, cuéntame.”
Termina de lavar los últimos claveles, los amarra en un ramo con la liga de su cabello, exdorado y cayendo en gravedad disminuida, seguramente por la presión atmosférica, y por fin le deja ver sus ojos, su mirada decaída. Una serie de jalones cardiacos le hacen instantáneamente besarle la frente y abrazarla. Pequeñas aglomeraciones de tristeza liquida empiezan a bajar por sus mejillas. Ambos se paran al mismo tiempo, petricor acercándose cada vez más. Deja que ella tome el ramo. Lo sostiene cerca de su pecho, manchando su azul uniforme. Caminan hacía la puerta trasera, entrando silenciosamente a casa.
La luz permanece apagada. A través del estudio hay veladoras que él empieza a encender, mientras ella regresa del almacén con un jarro acampanado de vidrio. Dentro de él coloca las flores, agua y unas cuantas lágrimas. Cuando la ultima veladora ha sido despertada, el pequeño cofre, Cuauhxicalco—que le sorprende aún funcioné después de tanto tiempo, especialmente al ser su primer proyecto de carpintería, regalo de su primer aniversario—ya descansa en sus blancas y temblorosas manos. Se acerca y le desabrocha el pequeño collar de oro del cual pende una pequeña llave con las letras vanvda en el cuerpo de esta, que ahora va clink, clink, para abrir y revelar múltiples chalchihuites, jades y serpentinas. De su bolsillo saca 3 jades. Las lágrimas dentro de él no pueden ser contenidas por mucho más tiempo, pero da su todo para seguir mirando en silencio. Ella toma un pétalo de clavel y envuelve una de las piedritas en él. Tan pronto como introduce las tres piedritas se deja caer, él apenas si la alcanza.
La sienta en el sillón de vinilo negro, su favorito, en la esquina del estudio. Toma otra silla y se sienta frente a ella. Después de un minuto, comienza a hablar.
“No fueron 3.”
“Oh. Gracias a Dios. . . .” La tristeza viene ahora a ser reemplazada por curiosidad. “¿Entonces por qué pusiste tres piedritas dentro del cofre?”
La lluvia llega al techo sobre sus cabezas. Su pequeño entra a la habitación, buscando a sus padres, extrañado de no haber escuchado el usual tumulto en la puerta delantera.
“Cuando me llamaste y dijiste que quizás tardarías un poco más, no pensé que fuera tan grave, Cariño.”
Las manitas del pequeño toman otra silla y la arrastra hasta quedar entre ellos. Despeja el cabello de sus ojos y se amarra su casi dorado cabello con una liga que siempre lleva en la muñeca. Su mirada revela entender lo que está pasando. Coloca una de sus manitas de porcelana en la pierna de mamá y la otra en la pierna de papá, y asiente gravemente, pidiendo que continúe.
Und ich gehör dir nicht zu.
Beide klagen wir nun.
¿Dijiste algo, Preciosa?” dice mientras pasea su trapo de derecha a izquierda sobre la blanca superficie moteada del mostrador, dejando un rastro húmedo—susurros narcolépticos de caracol. “¿Has estado leyendo tus poemarios de nuevo?”
“¡Yia! Pfugeljin.”
“¿Vögelchen?” una pequeña risa. “¿Y ahora por qué soy una pequeña ave? ¿Qué hice ahora?”
“Eeeees—“ acercándose hacía él, hasta dejarse caer sobre sus hombros, rodeándolo con sus suaves y cansados brazos, recostando su cabeza en palpitante pecho de su amado, para continuar “—porque eres el que me lleva al cielo en tus alas.”
Las ultimas tormentas han dejado de caer, aunque el hombre del clima, Don Eladio, alias “Hieladio,”avisó de un frente frío que llegaría del Norte por la tarde. El un poco oxidado gallo de los vientos, siempre anunciando en sutil canción la víspera del amanecer sobre el letrero de la florería, Nelkenherz en grandes letras serif rojas sobre un fondo blanco, avisa que el viento se acerca no desde el Norte, pero del Este.
En el encuadre se puede ver la parte baja del letrero de la tienda, del cual cuelgan cuatro bulbos geométricos, uno parpadeando, a punto de morir; ambos ventanales llenos de flores por detrás. Y la gran puerta de cristal-madera obscura, de la cual sale jovial, suelta y sonriendo naturalmente a quien pase Maxine Boan. La florería le pertenece a ella y a su esposo, Kelvin Antares. Las piernas del lucero de la calle Aloe se mueven de un lado para otro por debajo de su danzante vestido mientras recoge las restantes mesas que por la mañana estaban llenas de amapolas, lirios, petunias, girasoles, rosas, margaritas, geranios, hortensias, petunias, begonias, gitanillas, azucenas, nomeolvides y claveles—los primeros del año. La cámara no puede captar muy bien todo el rango de colores por la mañana, pero ya que es tarde, bajo la luz monótona, nublada, saturada, ella brilla en el centro de la película.
Un pequeño beep avisa que ya ha terminado de grabar. La guarda dentro de los tantos bultos de su chaqueta y se levanta de la silla frente a la florería. Todos esperan ya la lluvia, pero no viene . . . espera pacientemente en las alturas para dejarse caer.
La cita es alas 19:30, en la entrada a la Posada del Sol.
Realmente no sabe lo que está haciendo. Un amigo le había recomendado trabajar con Tomas Villacorta Jr. Desde hace un año. Era un trabajo simple como este: ir y tomar video de un grupo de amigos que siempre se reunía cerca de Plaza San Pedro. Cuando la noche caía, bajo el manto matrimonial del sol y la luna, de las estrellas y el smog, se acercaban más, pagándole a alguien en la iglesia para subir a la azotea, al Hospital Juárez. Allí llevaban un tipo de ritual para comunicarse con la Planchada. Habiendo contactado previamente a la Quemada unos días antes, que había revelado el nombre de aquel malvado italiano, pidiendo que le hicieran pagar por lo que hizo, pues así lo quería la Tierra.
“Deste gafe ni la Llorona sabe. Su crimen castigado verlo he. ¿Encontréis vosotros a V.? Diz que Planchada en vida fuera duno de su cuna amante.”
“¿Eulalia ‘La Planchada’ del Hospital Juárez?”
“Con ella averar.”
Así que lo hicieron. . . . Un poco.
La Planchada estaba demasiado cansada después de la pandemia que ocurrió hace unos años. Los pacientes necesitaban demasiada atención. Incluso tuvo que ir de paso a otros hospitales para suplir con la carga a los enfermeros espectrales que allí laboraban. En sus aventuras fuera del Juárez se encontró a varios fragmentos del alma de Nightingale trabajando horas extra. Historias fueron intercambiadas y pronto Eulalia se dio a conocer en todo el mundo fantasmal benigno. (Algunos dicen que incluso el maligno, pues se apareció el fantasma de un criminal, herido, una noche en la explanada del Juárez. Eulalia lo curo y lo cuidó sin dirigirle la palabra.) Esto hizo que se arreglara de nuevo el cabello y lavara sus ropas, por lo que cuando finalmente apareció, casi no la reconocieron. Era 12 de mayo. Se sentó con ellos.
Eulalia reveló el nombre de aquel muchacho que la engaño, dejándola atrás, sola. Huyendo con aquella que finalmente llamaría esposa . . . Teodoro V.
Los chicos desaparecieron uno a uno después de eso. Él nunca lo supo.
Pero el dinero escaseaba, y el trabajo del magnate transnacional era demasiado fácil como para que pagara $10000 . . . solamente por filmar por una semana a una reconocida pareja que vendía flores y nunca daño a nadie. Demonios, incluso él mismo había ido a comprarle flores ahí a ella . . . a ella . . . varias veces. . . . ¿Qué podría pasar?
En las puertas de la Posada del Sol lo esperaba un agente vestido de basurero—es eso . . . sí, dice “prohibido penetrar a personas no autorizadas:” nice—naranja como el metro, como el cuerpo de una pluma, estoico, llenando botes despintados y oxidados de una cantidad exagerada de basura para un disfraz. Le hizo una señal de que echará el instrumento en la basura.
Bajo la acera, dando la mejor impresión de desinterés que pudiera, y aventó todo junto dentro del bote de basura orgánica. El hombre le maldijo.
Antes de llegar a casa, por curiosidad pasó de nuevo por la florería. Maxine ya había recogido todo y se encontraba dentro. En su mano una taza que al beber de ella empeñaba sus lentes. Kelvin estaba terminando de merodear en la caja, un último click antes de acercarse a Maxine, quien instantáneamente sonríe viéndole a los ojos . . . ¿fue eso una patada? No puede ver muy bien desde ahí.
Recuerda que todavía lleva puesta el arrugado disfraz, desparramándose a los lados como una masa viscosa dejada mucho tiempo sobre la mesa. Se la quitó y la desechó en el cubo más cercano. Finalmente se arma de valor para ir a saludar a la pareja, que ya van un paso afuera de la florería. El cielo aún está gris, pero ni el viento ni la lluvia tienen la presencia que se esperaba. Cuando Kelvin apaga las luces, todos los colores de la calle Aloe se dispersan a los vientos como motas de polvo. Ni una herida traería un poco de color de vuelta.
“¡Memo!” salta Maxine. Su negro cabello lacio se alza y cae lentamente en ritmo con su vestido, resaltando la luminosidad de sus dientes, rodeados de un rojo natural. Se acuerda de ella. “¿Cómo has estado? Hace mucho que no pasas por la tienda. ¿Las cosas siguen mal?”
“Si. . . . No la he vuelto a ver desde el invierno. Navidad fue la última vez que estuvimos verdaderamente juntos, desde ahí he estado estático. No sé si—“
“Memo,” interrumpe Kelvin.
“Señor,” haciendo un pequeño saludo japones, sincero y automático, con los ojos fijos en el suelo.
“Me pareces un excelente chico, Memo. Desde que venías a comprarle ramos personalizados, desde la primera hasta la penúltima vez que entraste en esta tienda, pude ver en tus ojos cuanto la amabas. Ah, no solo en tus ojos, todo tu ser rebosaba de amor, de energía.” Una pequeña pausa, sus pupilas brillantes, buscando qué decir, le dan la vuelta al mundo.
“Es repentino,” voltea a ver a su esposo, que le da el si con la cabeza. “¿No gustarías acompañarnos un poco a la casa? Me gustaría saber qué está pasando contigo y con . . . ella.”
“No se preocupe, puede nombrarla.”
“—con Claire.”
“Por supuesto, no tengo nada más que hacer por hoy.”
Después de 5 calles y 2 vueltas, subiendo las escaleras verdeas, las que si tienen barandal, llegan a una grandiosa reja que tiene las letras A&B en la cúspide, sobre las cuales descansa una corona de flores. Todo el trabajo de hierro parece estar hecho a base de gigantes flores petrificadas.
Guillermo mira su reloj . . . se le hunde el pecho. Ya es un poco tarde, pero ya no hay una razón por la cual llegar a casa lo antes posible. Comprará la cena en el camino de vuelta . . . y una botella de ron.
Adentro va Maxine, luego Guillermo y finalmente Kelvin, quien cierra la puerta tras de sí. Dentro de los umbrales de la casa, Guillermo puede ver claramente una distinción entre aquel lugar y el mundo exterior. Todo huele a paz, el peligro ya no sabe en su boca. ¿Es esto lo que es un hogar? Su pecho se hunde todavía más. Trata de que los recuerdos de un futuro imposible ahora no le llenen los ojos, desbordando todo aquello que no dice, el dique de su escasa seguridad llevado a un punto crítico. La humedad derrumbándose lentamente sobre su cara lo llevará de nuevo a la orilla del mar donde la conoció. Sabe que cada vez que lo hace, la brisa de barre su corazón con bruma algún día lo convertirá completamente en un bloque de sal, uno que todas las empresas que lucran con la insoportable inaceptabilidad de una partida, esperando en los valles emocionales donde la obscuridad es más densa, más pesada, que se pega a la piel, exprimirle todo hasta convertirle en un fantasma que recurre a la pornografía, el alcoholismo, la putería, para seguir huyendo . . . pero nunca podrá huir de nada. Y lo sabe. La promesa de amanecer en otro día más brillante, apenas consciente, con la boca seca y una resaca, siempre termina por llevarlo a un día todavía mas obscuro, donde el sol sigue brillando igual pero lo siente cada vez menos. Los horizontes a los que quiere llegar son solo los bordes de su tumba, y cada vez que cierra los ojos, la única luz que hubo en su vida, la única que dejó entrar, va rondando en el laberinto de su tragedia, sin parpadear . . . ni sus parpados lo protegen de notar su ausencia. . . .
. . . y Maxine lo abraza sin dudar. Finalmente llora. Kelvin entra para preparar la sala.
En los lapsos que puede abrir los ojos, un poco distorsionadas por el mas acuoso, puede ver muchas flores y cajas, cajas grandes, apiladas por doquier.
Maxine lo sienta a su lado en el sillón más largo, dando de frente a la apenas usada chimenea. “Deja salir todo,” le dice.
Kelvin cena solo. Deja preparados otros 2 platos y sube a realizar una llamada. Aún cuando Guillermo ya ha dejado de llorar, La voz, con un tono de emoción igual al que cuando empezó, puede oírse todavía.
“Así que eso paso. . . .”
“Ya han pasado tantos días y todavía la extraño.”
“No importa,” Maxine con una sonrisa. “La verdad solo la extrañas porque le daba estabilidad a tu vida. Desde que se fue, nada ha sido lo mismo—¿cierto?—pero no tiene que serlo. Las cosas deben de mejorar. Y todo, especialmente el amor, se da de forma natural. Me contaste que incluso has rechazado a algunas personas por ella. Bueno, me parece que es porque crees que no eres digno de nadie, le tienes miedo a demostrarle a otras personas lo que realmente eres. Pero dime, ¿te has sentido mejor por rechazarlas? Quizás sientas que estás siendo responsable al no entrar en una relación, pero, querido, no lo estás siendo. Vales muchísimo como para que sigas huyendo de tomar responsabilidad de ti mismo, Sabes que tu corazón quiere amar, pero lo único que haces cuando se presenta ese amor es huir, llenándote la cabeza de mil cosas. No retrases lo inevitable, no quiero que te hagas daño.
“Pero ah, hermoso, mírate. Realmente mírate. Estás así por alguien que ya no está. Tu amor es muy grande. Tiene una fuerza inmensa. Ocúpalo en ti mismo y en alguien que realmente quiera lo mejor para ti. Quizás pienses que no es así, pero encontrarás a alguien que te ame, que pueda ver a través de todo lo que escondes, directo al tesoro de tu alma. Y ni tu pasado ni tus miedos le van a importar, por que está ahí no solo para amarte, también para enseñarte todas las cosas que hay por amar en ti: cuando la veas sonreír, cuando le haya contado a alguien de ti y al presentártelos digan ‘¡Memo! es un placer conocerte,’ cuando duerma tranquilamente en tu pecho y te diga con toda seguridad que tú eres lo que ella quiere. Y cuando menos te des cuenta, tu corazón habrá sanado, y ella te tratará igual, pero ahora estará aliviada de que puedes por fin verte como ella te ha visto desde el principio. Y no es que no vea toda la obscuridad en tu corazón, no es que sea ciega a ella, a veces, cuando no la veas, tendrá miedo, pero sus ojos brillarán de nuevo, pues sabe que eres realmente aquél que brilla por debajo de toda esa obscuridad.”
Antes de que la sonrisa de Memo se transformara en llanto, Kelvin baja al fin, sus pasos resonando en la escalera, pues baja dando brinquitos.
“¿Ya?” le pregunta a Maxine. Ella asienta. “Bueno, toma,” le dice a Guillermo, alargando el teléfono del cual ya cuelga una pila portátil.
“Amm . . . ¿yo?”
“¿Quién más, campeón?”
“Ah, uhhh, ahhhh . . . okay . . .” se pega el teléfono a la oreja. “¿Bueno?”
“Holaaa, ¿Memo?” Al oír aquella voz, el corazón de Guillermo empieza a latir de otra manera, no con ansiedad, pero con emoción.
“S-s-¿si?”
“Un placer Memo. Me llamo Eurus y—“
“¿Crees que estará bien? Eurus lleva mucho tiempo queriendo conocerlo.”
“Lo hará. Nuestra niña es la mejor.”
Cuando bajan de nuevo, la llamada todavía sigue su curso.
“—si solamente la buscas cuando estás triste, no la amas. Definitivamente extrañas la seguridad que te daba. Es más fácil regresar a lo que eras antes, porque así ya nadie podrá juzgarte por lo que eres realmente, temes abrirte con alguien más, porque como dijo mamá, crees que no te amaran. Bueno, Cariño, la realidad es que muchos y muchas te han amado, pero en tu necedad, has cerrado la puerta por un amor oxidado, que ya ni es cenizas, es carne muerta, y te vas a pudrir con ella si sigues aferrado.”
Al llegar a casa, ya muy de madrugada, Guillermo. . . . Bueno, la conclusión lógica entonces es que realmente amas a quien buscas cuando estás feliz, ¿no? . . . Guillermo estaba muy feliz. Y no podía dejar de pensar en Eurus.
. . .
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